Reflexiones en re-caliente
No estoy entendiendo nada
Estimados todos: no estoy entiendo nada.
Evidentemente el fútbol, como la expresión popular más fuerte de éste
país, nos vuelve completamente irracionales. En realidad, existe un estereotipo
de hincha (sin remera, drogón, que salta y gesticula) al que todos, con más o
menos convicción, le asignamos un comportamiento primitivo y errático. Pero es
mentira. El fútbol, en éste país, nos vuelve primitivos y erráticos a todos por
igual.
Con 34 años cumplidos, puedo decir que uno de mis grandes ídolos
futbolísticos fue (es, y será) Diego Armando Maradona. Comencé a ver fútbol en
México ’86, sufrí con Argentina en Italia ’90 (sí, algunos uruguayos
hinchábamos por Argentina luego de nuestra precoz eliminación) y viví su largo
ocaso en Sevilla, Newell’s, Boca.
Como admirador de Maradona me enfrenté no una, sino a mil críticas hacia
su figura, por ególatra, por drogón, por insolente. Muchas veces lo defendí
como jugador, algunas como persona, algunas veces terminé reconociendo sus
errores. Pero no estaba preparado para esto.
Resulta que desde hace unos días, Maradona, ese ser tan despreciado por
el uruguayo bienpensante promedio, se ha vuelto una referencia en Uruguay en la
lucha anticorrupción contra la FIFA. Sí, como lo escucharon.
Maradona sale todos los días desde hace una semana en los principales
medios uruguayos por su defensa a Suarez y a la selección uruguaya, por sus
críticas a Blatter y a la FIFA. Hace unos días dijo que Suarez era el mejor
delantero del mundo, después dijo que a Suarez le habían cortado las piernas,
ahora se puso una remera para apoyarlo.
La razón de éste cambio es bien sabida: Diego Armando está de nuestro
lado. Cientos, miles, millones de uruguayos consumimos diariamente los
comentarios maradonianos, que son todo elogios a nuestro comportamiento y al de
nuestros representantes de pantalones cortos. Según Maradona somos fuertes,
somos dignos, somos rebeldes, y nosotros asentimos porque (ahora) estamos
convencidos que no hay voz más autorizada en el mundo que la de Él.
Mañana dirá algo lindo; pasado quizás también. Pero un día va a cambiar
de parecer. Cambiar de opinión, desdecirse, aborrecer un día al que el día
anterior era su amigo es una constante en mi admirado Diego.
Ahora
descubrí que no es al único que le pasa.
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