lunes, 30 de junio de 2014

Reflexiones en re-caliente
No estoy entendiendo nada
Estimados todos: no estoy entiendo nada.
Evidentemente el fútbol, como la expresión popular más fuerte de éste país, nos vuelve completamente irracionales. En realidad, existe un estereotipo de hincha (sin remera, drogón, que salta y gesticula) al que todos, con más o menos convicción, le asignamos un comportamiento primitivo y errático. Pero es mentira. El fútbol, en éste país, nos vuelve primitivos y erráticos a todos por igual.
Con 34 años cumplidos, puedo decir que uno de mis grandes ídolos futbolísticos fue (es, y será) Diego Armando Maradona. Comencé a ver fútbol en México ’86, sufrí con Argentina en Italia ’90 (sí, algunos uruguayos hinchábamos por Argentina luego de nuestra precoz eliminación) y viví su largo ocaso en Sevilla, Newell’s, Boca.
Como admirador de Maradona me enfrenté no una, sino a mil críticas hacia su figura, por ególatra, por drogón, por insolente. Muchas veces lo defendí como jugador, algunas como persona, algunas veces terminé reconociendo sus errores. Pero no estaba preparado para esto.
Resulta que desde hace unos días, Maradona, ese ser tan despreciado por el uruguayo bienpensante promedio, se ha vuelto una referencia en Uruguay en la lucha anticorrupción contra la FIFA. Sí, como lo escucharon.
Maradona sale todos los días desde hace una semana en los principales medios uruguayos por su defensa a Suarez y a la selección uruguaya, por sus críticas a Blatter y a la FIFA. Hace unos días dijo que Suarez era el mejor delantero del mundo, después dijo que a Suarez le habían cortado las piernas, ahora se puso una remera para apoyarlo.
La razón de éste cambio es bien sabida: Diego Armando está de nuestro lado. Cientos, miles, millones de uruguayos consumimos diariamente los comentarios maradonianos, que son todo elogios a nuestro comportamiento y al de nuestros representantes de pantalones cortos. Según Maradona somos fuertes, somos dignos, somos rebeldes, y nosotros asentimos porque (ahora) estamos convencidos que no hay voz más autorizada en el mundo que la de Él.
Mañana dirá algo lindo; pasado quizás también. Pero un día va a cambiar de parecer. Cambiar de opinión, desdecirse, aborrecer un día al que el día anterior era su amigo es una constante en mi admirado Diego.
Ahora descubrí que no es al único que le pasa.

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